miércoles, 9 de diciembre de 2015

sergio oliva el hombre que vencio a arnold





El señor Sergio Oliva (La Habana, Cuba, 1941) cambió un día de verano de 1963 cuando, en lugar de disputar la competición de halterofilia de los Juegos Panamericanos, decidió fugarse de su habitación del hotel jamaicano donde se alojaba la selección cubana. Le siguió todo el equipo de levantamiento de peso y juntos pidieron asilo en la Embajada estadounidense. Oliva era un claro aspirante al triunfo en su disciplina, pero no lo dudó, quería cambiar de vida y de deporte, nunca le gustó ser levantador de peso.

Como tantos y tantos cubanos, fijó su primera residencia en Miami. Allí se ganó la vida reparando televisores. Poco después se mudó a Chicago y fue allí donde empezó a moldear su ya de por sí hercúleo cuerpo. Sergio Oliva, fallecido el 12 de noviembre en Chicago a los 71 años, se convirtió en uno de los grandes del culturismo en muy poco tiempo. Empezó triunfando en numerosos torneos locales y en 1967 conquistó su primer Mister Olympia, la competición más relevante a escala mundial.

Repitió éxito los dos años siguientes, en 1969 derrotando a un joven austriaco llamado Arnold Schwarzenegger. De hecho, esa sería la única derrota del exgobernador de California en todas sus participaciones en Mister Olympia. En 1970 Oliva fue derrotado por el futuro actor de forma muy ajustada, algo de lo que siempre se quejó el cubano, que consideró que le habían robado el título. A pesar de la enconada rivalidad que mantuvieron, el uno siempre habló bien del otro. “Sergio Oliva ha sido uno de los grandes culturistas de la historia, un verdadero amigo y un temible competidor con personalidad única”, escribió Schwarzenegger en su cuenta de Twitter cuando conoció la noticia del fallecimiento del cubano.
Los enormes triunfos de Oliva se debían a su espectacular físico, un cuerpo perfectamente esculpido en el gimnasio que llegó a ser calificado con el adjetivo de perfecto, siempre bajo los cánones del culturismo. Sus triunfos y sus rotundos músculos le proporcionaron el sobrenombre de El Mito. Su pecho medía 147 centímetros; sus muslos, 84 y sus brazos, 58

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